Un patrimonio autónomo es aquél que deja de ser del titular del mismo (fideicomitente) para pasar a obedecer a una determinada finalidad. Este patrimonio se dice autónomo porque tampoco pasa a ser titular del mismo la Sociedad fiduciaria. Al final del negocio fiduciario, el patrimonio vuelve al titular del mismo en forma de capital y rentas, objetos etc.

Tiene tres ventajas fundamentales:

  1. Un patrimonio autónomo no permite que sea afectado por los acreedores de los fideicomitente, siempre que cuando esos acreedores no tengan su derecho de crédito con anterioridad a la generación del patrimonio autónomo.
  2. El fideicomitente mantiene la relación con su patrimonio que se diseña en el contrato de fiducia de que se trate.

Al termino del negocio fiduciario, el patrimonio puede ser transferido a su titular o a las personas que él hubiera designado (con la finalidad que fideicomitente haya querido).